jueves, 4 de marzo de 2010

Tema 10. Sublevación militar y Guerra Civil (1936-1939).


  1. Sublevación militar.
Emilio Mola fue el cerebro del golpe de Estado. Su idea era una serie de sublevaciones simultáneas en el mayor número de guarniciones. La estrategia era en extremo violenta, declarando el estado de guerra y la detención y eliminación de los principales líderes políticos y sindicales de izquierdas. El plan no dejaba claro si se establecería una dictadura militar que eliminase el peligro de las reformas del Frente Popular y volver a la República o la monarquía. Los monárquicos y la CEDA querían una vuelta a la monarquía tradicional.
El asesinato de Calvo Sotelo como represalia al del Teniente Castillo acabó decidiendo la fecha. La sublevación, prevista para el 18 de julio se inició en Melilla, el 17 y de inmediato se extendió al resto del protectorado español en Marruecos. Franco recibió un telegrama y se trasladó en avión para ponerse al mando de las tropas de Marruecos.
Entre los días 18 y 20 de julio, el alzamiento se extendió al resto del territorio español. Queipo de Llano se hizo con el poder en Sevilla, empleando el terror indiscriminado y aplastando la resistencia obrera. También se sublevaron las guarniciones de Cádiz, Córdoba y Granada. Mola ocupó Navarra con el apoyo de los requetés carlistas. En Zaragoza Cabanellas logró dominar la mayor parte de Aragón. La rebelión militar se hizo con el poder en Castilla y León, la mayor parte de Galicia, Mallorca y parte de Extremadura.
En Madrid, los rebeldes al mando de Fanjul se hicieron fuertes en el Cuartel de la Montaña, que fue asaltado por obreros armados. En Valencia, la indecisión de los rebeldes facilitó que el gobierno controlase la región. En Barcelona las fuerzas del orden público se mantuvieron fieles a la república y junto a las milicias armadas de los anarquistas dominaron la rebelión de Goded.
El alzamiento fracasó en la mayoría de las grandes ciudades. Triunfó en las zonas de la España interior, zonas agrarias con predominio de la gran propiedad trabajada por jornaleros o en manos de pequeños propietarios y sobre todo, la Iglesia. La España más atrasada y conservadora. Los grupos que apoyaron a los sublevados eran militares conservadores, propietarios agrarios, monárquicos, partidos de derecha, católicos, tradicionalistas y pequeños burgueses, así como representantes de la gran banca y los grandes industriales. Muchos estaban inspirados por el fascismo. Los sublevados se llamaron a sí mismos “nacionales” y justificaron su acción como el único modo de restablecer el orden y exterminar a los enemigos de la patria, anarquistas, comunistas, socialistas y separatistas (nacionalistas catalanes y vascos). Todos ellos calificados de “rojos”.
Los leales a la República estaban constituidos por clases populares de obreros y empleados urbanos, campesinado sin tierras y pequeña burguesía. Mayoritariamente estaban afiliados a las organizaciones socialistas, comunistas y sobre todo anarcosindicalistas. Clases medias republicanas también apoyaban a la república, aunque con miedo a la Revolución social. Se les denomina “republicanos” y claramente se dividían entre anarquistas, socialistas y comunistas. El bando republicano contaba con las reservas del Banco de España y grandes zonas industriales.
La Guerra Civil española puede ser considerada como el primer capítulo de la Guerra Mundial en la que se enfrentan las democracias y el fascismo, pero sobre todo es el enfrentamiento entre los grandes grupos dominantes (alta burguesía, sectores tradicionales de ejército y la Iglesia) que intentaba impedir las reformas del movimiento obrero y así no renunciar a su posición privilegiada. De todas formas la adscripción a cada bando debe ser considerada a un nivel microsociológico, donde las lealtades familiares, de amistades, o fortuitas tienen tanto peso como la adscripción a la clase social. Así se justifica que obreros católicos simpaticen con los sublevados antes que con los sindicatos de clase y que grupos heterogéneos de pequeños propietarios, jornaleros, altos industriales acaben apoyando el golpe de Estado.

  1. La dimensión internacional del conflicto
Aunque fuera un conflicto interno con las características propias se una población muy polarizada, tanto social, económica como ideológicamente, la Guerra civil estalló en un momento crítico de las relaciones internacionales. Ante la crisis de los años 30 se estaban enfrentando las “soluciones” democrática y totalitaria. Las grandes democracias europeas (Francia y Reino Unido) frente a los totalitarismos fascista y nazi. El miedo al enfrentamiento -y cierto apoyo de algunos miembros del gobierno inglés- con el nazismo justificaba cierta inacción por parte de estas democracias. También es considerada la Guerra Civil como el enfrentamiento entre la civilización occidental y el comunismo ateo. La Guerra impulsó un sentimiento de solidaridad internacional en favor de la república española.
En general la opinión pública mundial estuvo a favor de la república excepto los conservadores que veían el alzamiento de Franco como un freno al comunismo. También el catolicismo tradicional estuvo con los rebeldes (Irlanda mandó voluntarios como respuesta a los asesinatos de religiosos). El papado tardó mucho tiempo en pronunciarse y estuvo apoyando a Franco.
La reacción inicial del gobierno francés del Frente Popular fue prestar ayuda, pero no se puso en práctica, sobre todo por la actitud neutralista del gobierno conservador del Reino Unido, que temía que cualquier intervención en el conflicto español pusiera en peligro su política de apaciguamiento de la Alemania nazi. A finales de agosto de 1936, 27 países, incluidos Alemania, Italia y la URSS firmaron el Acuerdo de No Intervención, por el que se prohibía la exportación a España y de armas, municiones y todo tipo de material de guerra. El gobierno demócrata de USA no firmó el acuerdo pero mantuvo la neutralidad.
En la práctica el Acuerdo de No Intervención fue una farsa porque lo sublevados recibieron ayuda de Alemania e Italia -también recibió apoyo de Portugal- mientras que el gobierno legítimo fue incapaz de comprar armas. Sólo a finales de 1937 consiguió ayuda militar de la URSS y algo de México, que sobre todo fue nación de acogida a los exiliados. La ayuda de la URSS en material bélico (aviones, carros de combate, combustibles), pilotos, técnicos y consejeros políticos fue importantísima para sostener la república y evitar su derrumbe. Pero esta ayuda (pagada siempre en efectivo) no fue tan copiosa y regular como la italogermana. La decisión de Stalin de intervenir en la guerra civil respondió sobre todo a razones políticas y estratégicas. Una derrota de la república debilitaría a Francia y fortalecería al eje nazi-fascista. Esta ayuda hubo de pagarse por lo que Largo Caballero envió las reservas de oro del Banco de España a Moscú.
A modo particular y organizada por los sindicatos y organizaciones, diversos voluntarios, obreros, profesionales de las clases medias, intelectuales como Orwell o Hemingway, vinieron a ayudar a la República frente a la amenaza del fascismo. Cubrían un gran abanico ideológico, comunistas, anarquistas, socialistas, demócratas. Se integraron en las Brigadas Internacionales, como las que organizaba los comunistas de la III Internacional, como la Brigada Lincoln en Madrid o las que intervinieron en el frente de Aragón.
Los sublevados recibieron tropas italianas, el Corpo di Truppe Volontaire, así como ayuda armamentística. Alemania envió a su aviación, la Legión Cóndor, y se sirvió de la guerra para probar algunas de sus nuevas armas. Portugal envió a los “Viriatos”. El bando sublevado no tuvo grandes problemas para conseguir créditos para armas y carburantes. Contaron con la ayuda de capitalistas españoles y grandes multinacionales angloamericanas como Texaco, Shell, Ford y General Motors.

  1. Las operaciones militares.
    1. Guerra de Columnas, el avance hacia Madrid. Octubre-diciembre 1936
      Las operaciones militares empezaron en la semana siguiente al alzamiento. Después de cruzar el Estrecho, las tropas de África, legionarios y regulares, al mando de Yagüe, consiguieron el enlace con la zona sublevada al norte, después de eliminar la resistencia de Badajoz. En septiembre, Franco, en lugar de dirigirse directamente a Madrid, ocupó Toledo donde puso fin al cerco de su Alcázar donde resistían unos centenares de militares sublevados. A finales de octubre se hallaba a las puertas de Madrid.
      La conquista de la capital se sentía inminente, por lo que se decretó la movilización general. Con gran entusiasmo hombres y mujeres fortificaron los accesos, cavaban zanjas y proclamaban consignas como “No Pasarán”. El 6 de noviembre, el gobierno se trasladó a Valencia, dejando Madrid en manos de una Junta improvisada, presidida por el general Miaja, mientras que la estrategia de la defensa quedaba en manos del comandante -después general- Rojo. Pese a los ataques aéreos, Madrid resistió, gracias, entre otros a las Brigadas Internacionales y la llegada de la columna de Durruti. Las tropas republicanas estaban compuestas en gran parte por milicianos (“El Campesino”, Enrique Líster), voluntarios de partidos y sindicatos. En julio de 1936, el PCE crea el Quinto Regimiento bajo la dirección de Líster y Juan Modesto. El partido crea una escuela de cuadros militares.
    2. Batalla de Madrid
      Esta fase se caracterizó por la regularización de ambos ejércitos, especialmente con la creación del nuevo Ejército Popular de la República y la disolución de las milicias.
      Los sublevados emprendieron dos maniobras envolventes para aislar Madrid, que dependía de sus comunicaciones con Valencia. Uno de los primeros bombardeos masivos de la historia. Se libraron violentos combates en la Carretera de la Coruña, en la Casa de Campo, en la Ciudad Universitaria y en el Puente de los Franceses. La batalla del Jarama (febrero 1937) terminó con la victoria de ambos bandos, desgastando ambos. En la batalla de Guadalajara (marzo, 1937) las tropas fascistas italianas sufrieron una espectacular derrota a manos del Ejército Popular de la República. Ni unos habían entrado, ni los otros habían derrotado.
      Mientras, Queipo de Llano ocupó Málaga con una brutal represión, el primer bombardeo de población civil.
    3. Ocupación del Norte (abril-octubre de 1937)
      Franco decidió cambiar de estrategia, abandonando el ataque a Madrid y trasladándose al norte, a la franja cantábrica. Fue una guerra de desgaste, de ocupación sistemática del territorio y de aniquilamiento del ejército republicano. Los combates principales se produjeron entre abril de 1937 y octubre: Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y Asturias. Mola atacó Vizcaya a finales de marzo. El 26 de abril, Guernica era arrasada por la Legión Cóndor. Bilbao fue ocupada en junio por la superioridad en medios. La República, para aliviar la presión militar atacó Brunete, cerca de Madrid, y después Belchite, pero no consiguió evitar que las tropas de Franco entraran en Santander y Asturias. La zona industrial y minera pasa a manos de los sublevados. Comienzan los primeros éxodos de exiliados. La marina franquista pudo pasar al Mediterráneo para cortar el tráfico de los buques soviéticos que transportaban armas a la república.
    4. Avance hacia el Mediterráneo y batalla del Ebro (diciembre 1937-noviembre 1938)
      En diciembre de 1937, el ejército republicano se había reestructurado con el general Rojo defensor de Madrid. Se pretendía afianzar la organización, con mandos profesionales y en el se integraron las milicias (Modesto, Líster, el Campesino...) y las Brigadas Internacionales. Intentó tomar la iniciativa y tomó Teruel, única capital ocupada por los republicanos, pero tuvieron que abandonarla definitivamente. Franco comenzó la ofensiva en Aragón, atravesando el Maestrazgo y llegando al Mediterráneo en Castellón. En abril, el territorio republicano quedaba dividido en dos zonas: Cataluña y Valencia que estaba todavía unida a Madrid.
      Fue uno de los mayores episodios más importantes de la guerra. Empezó el 25 de julio de 1938 cuando los republicanos atacaron cerca de Amposta. Franco envió grandes refuerzos, incluidas la aviación alemana e italiana y consiguió detener allí el ataque. Luego contraatacó y a principios de noviembre, el ejército republicano tuvo que replegarse, mientras Franco avanzaba ocupando todo el sur de Tarragona. El día 16 se dio por acabada la batalla. Fue una guerra de desgaste que mermó gravemente al ejército republicano.
      Franco decidió emprender definitivamente el ataque a Cataluña. El 26 de enero entraba en Barcelona sin luchar. Después Gerona y miles de refugiados huían a Francia, entre ellos el gobierno republicano: Negrín e incluso Azaña, Companys y la Generalitat. A principios de febrero del 39 la guerra estaba decidida.
    5. Final de la guerra.
      En febrero la República sólo tenía la Zona Centro, desde Madrid hasta Valencia y Almería. A pesar de que el jefe del gobierno, Negrín había regresado de Francia y quería continuar la guerra, apoyado por los comunistas, no hubo batallas importantes. Inglaterra y Francia reconocieron al gobierno de Franco y Azaña presentó su dimisión.
      A principios de marzo se produjo en Madrid una sublevación contra el gobierno republicano dirigida por el coronel Casado, jefe de la defensa de la capital, pensando en que se podía negociar la rendición y amenazado por el rumor de que Negrín iba a nombrar un gobierno sólo de comunistas. Junto con algunos socialistas como Besteiro y con el apoyo de parte de la UGT, se creó una Junta de Defensa, cuya presidencia se dio al general Miaja -que no hizo acto de presencia- para negociar una paz honrosa, basada en la “generosidad del Caudillo”. Este esfuerzo no sirvió de nada. Franco sólo quería la rendición total sin condiciones. El día 28 de marzo, las tropas de Franco entraron en Madrid sin resistencia.
      En los días posteriores se ocupó toda la zona mediterránea. La resistencia de las escasas tropas comunistas no pudo impedir la ocupación de Albacete, Alicante y Valencia. El 1º de abril Franco firmó en Burgos el último parte de guerra: “en el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. Españoles, la guerra ha terminado”.
  1. El bando republicano.
El alzamiento militar se intentó justificar con el argumento de que el Frente Popular, estaba preparando una revolución comunista, dirigida por los sindicatos obreros, que eliminaría la propiedad privada, la religión y el Estado para imponer un “soviet” al estilo ruso. Nada de ello tenía fundamento, si bien el desorden y las huelgas y los enfrentamientos políticos estaban provocados tanto por las derechas como por las izquierdas, en realidad, fue el alzamiento militar el que provocó de inmediato una revolución social de carácter colectivista. Este proceso revolucionario fue llevado sobre todo por el anarcosindicalismo, CNT y FAI. Por su parte, el sindicato socialista UGT participó en las colectivizaciones de tierras e industrias. Tanto el PCE como el PSOE se mantuvieron fuera de esta acción y claramente acabaron por oponerse.
La revolución popular tuvo especialmente fuerza en Cataluña, donde se creó el Comité Central de Milicias Antifascistas, que impulsó la revolución en Cataluña. Este comité llegaría a un entendimiento con los partidos políticos y se reconstituiría el poder de la Generalitat, volviendo a ser presidida por Companys y con presencia de sindicatos y partidos obreros.
El elemento más significativo fue el colectivismo. La colectivización de la industria fue un hecho en Cataluña, mediante un decreto de octubre de 1936. Las colectivizaciones agrarias se extendieron por Aragón, Valencia, La Mancha y Andalucía. Muchos servicios que eran esenciales en la guerra fueron también colectivizados a través de los sindicatos, como los transportes, el abastecimiento alimenticio, las fábricas de armas, etc.
La revolución se extendió rápidamente y en muchos pueblos se constituyeron de inmediato Juntas, Consejos y comités dispuestos a imponer un orden revolucionario. En los primeros meses fue espontáneo contra todo lo que pudiera tener relación con los “facciosos” (sublevados). A esto se le llamó el “Terror Rojo”. La Iglesia, la burguesía, los propietarios, las clases acomodadas, los católicos, etc. fueron considerados sospechosos y objeto de una persecución en muchos casos incontrolada. Así se produjeron saqueos e incendios de iglesias y conventos, detenciones y asesinatos y, sobre todo, requisas, es decir, “incautación” de los bienes de esas personas en nombre de los partidos o sindicatos. A menudo eran realizadas por simples delincuentes sin escrúpulos. Muchos de los perseguidos se escondieron, pasaron a la zona controlada por los sublevados o pasaron al extranjero. Ejemplos fueron el asalto a la cárcel Modelo por los milicianos, que asesinaron allí mismo a militares y políticos derechistas. Mayor trascendencia tuvieron las “sacas” o “paseos” de presos en las cárceles y las “checas” (edificios incautados por los comités de partidos y organizaciones de izquierdas como cárceles improvisadas), así como los traslados a Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, donde fueron asesinados. Esta violencia fue muy negativa para la imagen exterior de la república. El gobierno se vio impotente para detenerla.
    1. El derrumbe del Estado Republicano.
Al producirse la sublevación, Casares Quiroga dimitió y se hizo cargo Diego Martínez Barrio que intentó negociar el fin de la insurrección, al resultar imposible, dimitió y fue sustituido por José Giral, también republicano.
El gobierno de Giral se aprestó a defender la República tomando las primeras medidas militares. El problema fundamental era la carencia del ejército. Muchos se habían sublevado, por ello el ejército entregó armas a las milicias de los partidos y disolvió el ejército, pensando que así mermaría la fuerza de los rebeldes. El agosto decretó la creación de batallones de voluntarios, encabezados por la antigua oficialidad del ejército, con el deseo de regularizar las milicias de partido.
En el verano y otoño de 1936, el poder del Estado sufrió un desplome casi total. En algunas regiones, los Comités y Juntas llegaron a unificarse para formar Consejos Regionales entre los que destacaron el Consejo Soberano de Asturias, el Consejo de Aragón o la Junta de Defensa de Madrid. En estos organismos se reunían las fuerzas del Frente Popular con predominio creciente de los sindicatos y de los partidos obreros. La revolución política tuvo parte de su origen en la actitud tibia de las autoridades republicanas y en su negativa a entregar armas al pueblo para combatir a los sublevados.
Uno de los problemas principales que siempre acosaron a la República fue el abastecimiento, tanto de primera necesidad como industriales o material de guerra.

    1. Gobierno de Largo Caballero.
La opinión republicana centró su esperanza en Largo Caballero, secretario general de la UGT (el “Lenin español”. Estaba apoyado por todas las fuerzas republicanas y constituyó su nuevo gobierno en septiembre de 1936 con miembros republicanos, socialistas, nacionalistas catalanes y vascos y comunistas. En noviembre llegaron a entrar cuatro ministros anarcosindicalistas (entre ellos Federica Montseny). Gracias a esto se tramitó el Estatuto de Autonomía para el País Vasco. El gobierno, además decidió trasladarse a Valencia ante el miedo a que los sublevados tomaran Madrid, que quedó en manos de una Junta de Defensa en la que los comunistas tuvieron un notable papel.
Una de las primeras medidas fue legalizar las incautaciones de los campesinos, junto al decreto de la Generalitat que legalizaba las colectivizaciones de las empresas industriales en Cataluña. También se instauraron tribunales populares de justicia para contener la represión indiscriminada.
Su proyecto era crear una “gran alianza antifascista” y recomponer el poder del Estado, eliminando Juntas y Comités, aunque reconociendo los Consejos Regionales y, sobre todo, dirigir la guerra y creando el Ejército Popular, unificando y militarizando las milicias. En otras palabras, subordinar la revolución al triunfo en la guerra. También tenía como objetivo transmitir una imagen de la república aceptable a los ojos de las democracias europeas. Los problemas venían de los comunistas y los anarcosindicalistas, además del personalismo de Largo Caballero. Los anarquistas no renunciaban a practicar su propia política, insistiendo en las colectivizaciones y se resistían a integrar sus milicias en el ejército regular. Del adoctrinamiento político se encargaron los “comisarios de guerra”, a semejanza del Ejército Rojo soviético. Los comunistas propusieron nacionalizar las industrias básicas y la creación de una industria de guerra, a lo que se oponían los anarcosindicalistas. Los ministros de la CNT tuvieron que desplazarse a Barcelona para contrarrestar las colectivizaciones
Los problemas que fueron debilitando el gobierno de Largo Caballero fueron los “sucesos de Mayo” en Barcelona. No todas las fuerzas republicanas estaban de acuerdo con subordinar la revolución a la victoria militar; los anarquistas y el POUM de Andeu Nïn hablaban de una guerra revolucionaria. Esto ponía de relieve el enfrentamiento por el poder en Cataluña, donde CNT y POUM se enfrentaban a los comunistas y republicanos de la Generalitat. Unos defendían las colectivizaciones y los otros las nacionalizaciones. Se produjeron algunos asesinatos de líderes sindicales y la lucha se desencadenó cuando se intentó desalojar a los anarquistas que habían ocupado el edificio de la Telefónica. Estos enfrentamientos concluyeron con la derrota anarquista y el decreto de ilegalización del POUM y la desaparición de Andreu Nîn. Largo Caballero quedó muy debilitado y contando sólo con el apoyo de la UGT. Comenzó una lucha entre los comunistas y Largo Caballero y la Generalitat perdió sus atribuciones en materias de orden público.
    1. El gobierno Negrín.
A mediados del mes de mayo de 1937, se produjo la crisis en el gobierno. Los comunistas insistieron en que no continuarían en el gobierno si Largo Caballero seguía dirigiendo la política militar. La fuerza de los comunistas se basaba en la gran ayuda que la URSS estaba prestando con armas y asesoramiento político y militar y su control a través de los Comisarios políticos. Largo Caballero dimitió y lo sustituyó Juan Negrín.
El gobierno Negrín encargó la dirección de la guerra al socialista Indalecio Prieto. Ya no estuvieron los sindicatos (CNT y UGT), sólo partidos políticos, especialmente comunistas, lo que provocó a la larga la salida de Prieto. El gobierno Negrín basó su política en la resistencia a ultranza, pero así mismo intentó buscar una salida negociada a la guerra. También quería que la República fuese reconocida como el único poder legítimo de España. Para ello propuso su célebre programa de los Trece Puntos, en los que se preveía la permanencia de la República, tras un proceso de elecciones democráticas, cuando cesara la lucha armada.
Franco no aceptó las propuestas del gobierno republicano, pero Negrín tenía la esperanza de que en pocos meses la situación internacional propiciar la guerra mundial y así tener ayuda frente a los fascistas. Sin embargo, sus esperanzas se acabaron en septiembre de 1938 cuando se firmó el Pacto de Munich, por el que Gran Bretaña y Francia reconocían la ocupación de los Sudetes por Hitler.
En el año 1938, después de la derrota de Teruel, la vida empezó a hacerse sumamente difícil en el territorio republicano. Faltaban alimentos y abastecimientos básicos, los reveses militares eran continuos y la población estaba cansada de la guerra. Negrín insistía en la necesidad de la resistencia militar, esperando el conflicto europeo, que todavía era previsible. Por ello se acuñó el lema “Resistir es vencer”.
El nuevo plan de Negrín redujo a finales de 1938 sus propuestas a sólo tres puntos: salida de las tropas extranjeras, ausencia de represalias de los vencedores sobre los vencidos y establecimiento de un régimen democrático. Pero Franco “sólo aceptaría una rendición sin condiciones”. Negrín buscó desesperadamente la mediación de las potencias democráticas, pero las derrotas del Ebro y Cataluña, el reconocimiento del gobierno de Franco por Francia y el Reino Unido, la dimisión de Azaña como presidente de la república (lo sustituyó Diego Martínez Barrio), y la situación de la retaguardia, aceleraron la desmoralización. Sólo los comunistas defendían la necesidad de resistir.
En estas circunstancias se produjo el golpe de Estado del coronel Casado, jefe del Ejército del Centro, ante los rumores falsos de que Negrín dejaba el gobierno a los comunistas. Casado y sus partidarios decidieron entregar a Franco toda la zona que aún estaba en manos de los republicanos. Esto aceleró el fin de la república y el triunfo de Franco, sin tiempo de evacuación de los que querían escapar de la represión franquista.

    1. La zona sublevada.
Los grupos políticos y sociales que habían dado su apoyo al alzamiento militar estaban divididos, ya que no tenían ningún proyecto común que ofreciese coherencia política a la rebelión militar. Por eso aceptaron la supremacía del ejército que, convertido en la comuna vertebral del nuevo régimen, tuvo siempre la iniciativa política y fue el encargado de organizar el nuevo Estado surgido del conflicto bélico. La idea inicial era el tradicional golpe de estado que contaría con días de lucha, pero acabó en una Guerra Civil.
Los militares sublevados crearon en Burgos un organismo de dirección al que llamaron Junta de Defensa Nacional, integrada por militares (Mola, Franco, Queipo de Llano...) y presidida por el general más antiguo, Cabanellas. Su misión era el gobierno del territorio ocupado y no tenía jurisdicción en los asuntos militares. La Junta prohibió la actividad de todos los partidos políticos, suspendió la Constitución y decretó la paralización de la aplicación de la reforma agraria en los territorios conquistados, y volvió a la bandera roja y gualda.
Sanjurjo, considerado jefe de la sublevación, murió en accidente de aviación el 20 de julio de 1936, el alzamiento quedó sin líder, por lo que se hizo necesaria la elección de un jefe supremo del alzamiento y Franco fue adquiriendo cada vez más adeptos entre los generales, sobre todo a partir de socorrer a los defensores del Alcázar de Toledo y conseguir el reconocimiento de Hitler y Mussolini. El día 30 de septiembre, en Salamanca, fue elegido como jefe del alzamiento. El primero de octubre de 1936 se publicó el decreto que le nombraba “Jefe del Gobierno del Estado” y Generalísmo de los Ejércitos Españoles. Desapareció la Junta de Defensa Nacional y se estableció una Junta Técnica del Estado, con sede en Burgos, divida en comisiones mandadas por militares pero en las que había también civiles. El Cuartel General del Generalísimo se trasladó a Salamanca. Alemania e Italia reconocieron oficialmente el gobierno de Franco.
Los problemas políticos se agudizaron en la zona sublevada a fines del año 1936, cuando parecía que la guerra se iba a prolongar bastante a la vista del fracaso en la toma de Madrid. Existía un mando militar poderoso, pero ninguna coherencia política. Los sublevados que tenían una fuerte ideología antiliberal, habían prohibido todos los partidos políticos que formaban parte del Frente Popular y todos los sindicatos de clase, y habían procedido a una tremenda represión de los fieles a la República que quedaron en su territorio. Sólo actuaban como grupos políticos, Falange Española, cuyo fundador José Antonio Primero de Rivera, fue fusilado por los republicanos tras un juicio en Alicante (noviembre 1936) y la Comunión Tradicionalista (carlista). Se toleraban la CEDA y otros grupos monárquicos que estaban desmantelados. En realidad, el único grupo de filiación fascista entre los sublevados era Falange Española, ya que los alzados representaban mucho más al viejo conservadurismo español, pero se afiliaron masivamente al Movimiento Nacional.
Ante la necesidad de organizar un nuevo poder político unitario, los sublevados se inspiraron en el modelo institucional de los Estados fascistas italiano y alemán, que tanto les ayudaban. Acudieron a este modelo de partido único, con jefe de plenos poderes para crear el “Nuevo Estado”. Tras el enfrentamiento a tiros entre facciones da falangistas en Salamanca, en abril de 1937, Franco dio a conocer el Decreto de Unificación por el que se creaba un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS (también conocido como Movimiento Nacional), “unificando” a falangistas y carlistas. Franco sería el Jefe del Partido y Jefe del Gobierno del Estado. Este decreto fue elaborado por Serrano Suñer, cuñado de Franco y firme contacto con los alemanes. Se adoptaría el uniforme de camisa azul de Falange y la boína roja de los carlistas, el saludo al estilo fascista, como emblema de la nueva España, el jugo y las flechas de los Reyes Católicos; y una jerarquía donde se mezclaba a militares y civiles.
Algunas resistencias de los carlistas o falangistas fueron acalladas con destierros (Manuel Fal Conde, carlista) o prisión (Manuel Hedilla, de Falange). La inmensa mayoría de los conservadores y católicos apoyaron la sublevación y aceptaron la naturaleza autoritaria y fascista que fue adoptando la dictadura franquista.
Se respetaba la importante influencia de la Iglesia, que en el verano siguiente publicaría la Pastoral Colectiva de los Obispos en apoyo de los sublevados. A finales de 1936, los obispos calificaron la guerra civil como “cruzada religiosa” y en julio de 1937, en una carta colectiva del episcopado español a los obispos del mundo se respaldó totalmente al bando rebelde y se manifestó que la Iglesia era una “víctima inocente e indefensa” de la guerra civil y que el alzamiento militar había evitado una revolución comunista.
El proceso de institucionalización del nuevo Estado franquista culminó en enero de 1938 con la formación del primer gobierno de Franco o gabinete formado por ministros tras la desaparición de la Junta Técnica. En la persona de Franco, el Generalísimo, se concentraba la jefatura del gobierno del Estado. A partir de entonces pasó a ser llamado normalmente “Caudillo de España” y el nuevo Estado empezó a legislar.
Los distintos ministerios fueron repartidos entre las diversas fuerzas que se levantaron en armas: militares, falangistas, carlistas y monárquicos, en función más de su fidelidad al caudillo que de su competencia, criterio que regiría en adelante en todos los gobiernos de Franco. El nuevo gobierno promulgó la Ley de Administración Central del Estado, por la que se atribuyó al jefe del Estado la “suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general”, con lo que Franco reunión en su persona los poderes ejecutivo, legislativo y judicial y se consolidó definitivamente su poder personal.
En los meses siguientes, Franco aprobó una serie de decretos por los que derogó toda la obra reformista de la República. Abolió los estatutos de autonomía de Cataluña y el País Vasto e impuso el castellano como única lengua oficial.
En materia de industria, se promulgó el Decreto de 1937 de Protección y Fomento de la Industria Nacional, con lo que se pusieron las bases para un régimen autárquico. La falta de recursos económicos se suplió solicitando créditos a los alemanes e italiano. Se devolvieron las tierras ocupadas a sus propietarios y se creó el Servicio Nacional del Trigo para controlar las existencias y regular los precios.
Antes de que acabara la guerra, se promulgó una de sus Leyes Fundamentales, el Fuero del Trabajo (marzo de 1938), inspirada en la Carta del lavoro del fascismo italiano, en en el tradicionalismo de la Iglesia y en algunos principios de la Falange. Esta legislación sentó las bases de la organización corporativa del Estado y del sindicalismo vertical como una organización estatal que agrupaba a empresarios y trabajadores, respeto a la propiedad privada, facultad del llamado Estado nacional-sindicalista para dictar normas de trabajo y salarios, fomento de la economía y prohibición de sindicatos de clase. Además, se consideraron actos subversivos las huelgas y las reivindicaciones colectivas. En esta nueva estructura sindical única, empresarios y obreros se encuadraban en unos mismos sindicatos, por ramas de producción, los llamados sindicatos verticales, sometidos al partido (FET de JONS) e instrumentos al servicio del Estado.
Las leyes favorables a la Iglesia acabaron con el intento de secularización de la República: se decretó el catolicismo como religión oficial, se derogaron las leyes del matrimonio civil y del divorcio, se estableció el culto religioso en la enseñanza y en el ejército. Se le concedió a la Iglesia el monopolio de la enseñanza primaria y secundaria. Impuso de nuevo la enseñanza obligatoria de la religión y el crucifijo volvió a las escuelas. Restableció la Compañía de Jesús, la retribución económica del clero, la exención fiscal de los bienes de la Iglesia y las fiestas religiosas.
Para lograr el control ideológico se suprimieron las libertades de reunión y de asociación y mediante la Ley de Prensa y de Imprenta de abril de 1938 (en vigor hasta 1966) se implantó la censura previa y todos los medios de comunicación y de producción cultural se pusieron al servicio del Estado.
El régimen franquista fue reconocido oficialmente por la Alemania nazi y la Italia fascista desde un primer momento, en 1938 lo hicieron Portugal y el Vaticano, y en 1939 las dos potencias democráticas europeas, Francia y el Reino Unido.
Finalmente, la Ley de Responsabilidades políticas de febrero de 1939 facultaba a los tribunales mixtos (formados por el ejército, el poder judicial y representantes de Falange) para aplicar penas a personas vinculadas a partidos de izquierda desde 1934.
La represión franquista fue muy superior a la de la República, y no sólo por durar más tiempo (hasta bien entrado el franquismo), sino por el carácter sistemático y organizado de ella. Era ejercida por el propio ejército o por las autoridades políticas, sin ningún tipo de garantías legales. Especialmente graves las matanzas de civiles en Málaga, Sevilla o Badajoz. Fueron ejecutados desde García Lorca a Lluís Companys, Julián Besterio y muchos otros en numerosos “paseos” o “sacas” y en los campos de concentración. En la retaguardia también la llevaban a cabo milicias de requetés y grupos de jóvenes falangistas.

martes, 12 de enero de 2010

PRINCIPALES OPCIONES POLÍTICAS: LIBERALES MODERADOS Y PROGRESISTAS; LOS DEMÓCRATAS.

De nuevo es un tema sobre el tránsito del absolutismo al liberalismo. Siguiendo a Miguel Artola son interesantes estos dos conceptos:

SISTEMA POLÍTICO: conjunto de participantes que intervienen en la formulación de decisiones y las normas políticas
SISTEMA DE PODER: las instituciones - educativas, administrativas, judiciales...- encargadas de imponer a la sociedad la aceptación y realización de tales decisiones.

ANTIGUO RÉGIMEN

SISTEMA POLÍTICO sería aquel en el que el monarca tiene la total (omnímoda) facultad de determinar cuántos y quiénes tienen que participar en el sistema político, incluso la capacidad de modificar a su antojo las normas que regulan la toma de decisiones... Soberanía del monarca.
SISTEMA DE PODER heterogeneidad legal -de territorios (fueros) y grupos (privilegios)- y heterogenidad institucional. Irracionalidad.

SISTEMA LIBERAL

SISTEMA POLÍTICO: la participación política es un derecho generalizado de los ciudadanos. Comienza siendo restringida (sufragio censitario) para irse ampliando (sufragio universal). No hay ningún derecho de modificar las normas políticas fundamentales. Sólo las Cortes Constituyentes pueden cambiar la constitución. El "antojo" del rey queda reducido a la provisión de cargos políticos, especialmente ministros. Teoría: soberanía nacional

SISTEMA DE PODER: racionalización, uniformación y centralización, maximizar los rendimientos.
Los liberales son principalmente burgueses, es decir, el grupo social que se ha enriquecido, principalmente del comercio y los negocios, en España hay poca burguesía industrial, algunos son antiguos nobles. De hecho hay poca burguesía. En realidad no representan al pueblo. Son pocos, y además no defienden al pueblo, hablan en nombre del pueblo, pero sus teorías les benefician a ellos. Defienden:
- Igualdad de derechos: acabar con los fueros y los privilegios. Así se consigue la igualdad de oportunidades.
- División de poderes: El poder legislativo lo tienen las cortes (o las cortes con el rey), el rey tiene el ejecutivo.
- El poder le viene al rey, a las cortes y el resto de la administración de la nación: soberanía nacional-
- El Estado no es el rey, como en el Antiguo Régimen. El rey es sólo su jefe (o jefe del poder ejecutivo)
- El rey tiene también que obedecer las leyes
- Los cargos públicos (de alcalde a ministro) no son para los nobles, sino para los más capaces. No los nombran los nobles como en los señoríos jurisdiccionales. (Aunque acaben en manos de los nobles)
- Libertad económica, principalmente de contratación y oficios
- Supresión de los gremios
- Salvaguardar el derecho a la propiedad privada
- Evitar que la tierra esté amortizada, es decir, atada legalmente: en manos de un mayorazgo o un convento, por ejemplo.
- El Estado sólo debe velar porque esto se cumpla, que haya seguridad y el mantenimiento de las carreteras...
- Tienen que acabar con la sociedad estamental y que sea de una sociedad de clases (ricos y pobres)
Para todo ello necesitan que se regule una Constitución.

Dentro de los liberales se distinguen dos corrientes:

Liberalismo doctrinario o moderado:

Doble soberanía, Cortes y Corona. Soberanía compartida. La corona tiene el poder ejecutivo y el "moderador". Sugragio censitario. Defienden la igualdad jurídica y los derechos individuales. Alta burguesía y nobleza. Intervención del poder central.

Podemos hablar de moderados, en un primer momento durante el trienio liberal, sobre los doceañistas. La evolución de la política a partir de la Constitución de 1837 siguió una tendencia hacia el sector de derechas del liberalismo, el moderantismo. El programa del moderantismo obedece a unos registros ideológicos características y también a unas procedencias sociales y biográficas muy concretas. En su momento inicial fue conocido con el nombre de fusionista o de estacionario, es decir, conservador. Entre sus miembros había antiguos colaboradores de Fernando VII en su etapa final de gobierno, burócratas, antiguos doceañistas decepcionados y liberales muy influidos por las ideas del liberalismo doctrinario francés.

El modelo moderado era, ante todo, pragmático (práctico). Por un lado pretendía asimilar las creencias o instituciones acumuladas por la tradición y las nuevas ideas liberales, para formar una vía propia, tradicional y moderna. Por otra lado estaban más atentos a los intereses económicos de las fuerzas sociales que a los principios políticos. Son hombres de orden. Su preocupación era construir un Estado unitario y seguro, servido por una administración centralizadora.

Para todos los moderados, la revolución concluía con la Constitución de 1837, de la que hacían una interpretación restrictiva. Si avanzaba más allá, lo que habría sería un "desbordamiento popular", violencia y anarquía. El freno era un limitado ejercicio de los derechos políticos, que se justificaba por razones muy diversas. Andrés Borrego hablaba de "soberanía de la razón" y Donoso Cortés, la "soberanía de la inteligencia". Alcalá Galiano aseguraba que donde estaba el poder físico y moral debía estar también el político. Todas estas afirmaciones concluían en que el poder debía estar en unas aristocracias legítimas, "naturales" que ya no eran exclusivamente las del Antiguo Régimen, sino también la burguesía y la alta clase media, las "capacidades". El gobierno de los mejores por naturaleza

Más tarde, con la subida al poder de Narváez, dentro de los moderados podemos distinguir tres tendencias:

- El sector más a la derecha, representado por el marqués de Viluma, que quería una vuelta al Estatuto Real, la reconciliación con los carlistas a través del matrimonio con la reina e incluso algún tipo de representación corporativa en el parlamentarismo.
- A la izquierda, el sector puritano, dirigido por Joaquín Pacheco, que deseaba la conciliación con los progresistas, y estaba dispuesto a mantener la Constitución de 1837.
- En el centro, donde se situaba Narváez, y otras de distinta procedencia como Martínez de la Rosa, Alcalá Galiano (doceañistas), antiguos ilustrados como López Ballesteros y burócratas como Alejandro Pidal y Mon

Liberalismo progresista o radical

La potestad legislativa estaba sólo Cortes. Sólo las Cortes podían hacer la Constitución y el rey debía jurarlas Número mayor de participación política. El sufragio censitario es mayor. Libertad de prensa. También sólo los derechos individuales. Nunca llegan legalmente al poder, se les llama como última alternativa a la Revolución o tras levantamientos urbanos.

En el trienio liberal nacen como los denominados veinteañistas. Aunque mantenían un sufragio censitario, tendieron a hacerlo más amplio, mientras que quisieron dar mayor autonomía a los poderes locales y ampliar la libertad de imprenta. Muy característicos eran la soberanía nacional y la defensa de la Milicia Nacional. Eso explica el enfrentamiento con los moderados (reflejado en el enfrentamiento entre Mª Cristina y Espartero). En las elecciones locales de finales de 1839 ganaron los progresistas, sobre todo en el arco mediterráneo, Andalucía y Madrid. La respuesta del gobierno moderado fue la aprobación en las Cortes de una nueva ley local que permitiera al poder central controlar los ayuntamientos. Las revueltas consiguientes trajeron el fin de la regencia de Mª Cristina y el inicio de la de Espartero.

Tiene mayores simpatías en la clase media: propietarios medios de la tierra, comerciantes, manufactureros e intelectuales universitarios. Hasta mediados de los años 50 tuvieron las simpatías de las clases populares. Sobre todo en los núcleos urbanos. En cuestiones económicas defendían el librecambismo (o liberalismo económico), partían de la idea de que la mejor forma de superar los problemas del país era atender su desarrollo económico, eliminando las barreras que frenasen los intercambios. Otro punto importante fue suprimir la "contribución de sangre", es decir, el servicio militar obligatorio por el sistema de quintas. A favor del ejército profesional bien remunerado e instruido.

Demócratas:

Interpretación maximalista de la soberanía. Sufragio universal, soberanía popular, derechos sociales como la libertad de reunión y asociación, la justicia social. Aparecen como ala izquierda los primeros republicanos.

Alrededor de 1841, llegan los demócratas, especialmente por aquellos sectores políticos que hacían declaración expresa de republicanismo y que obtuvieron un número importante de votos en las municipales. Un programa de izquierda con medidas sociales como el reparto de la tierra desamortizada, la difusión general de la enseñanza o la disminución del presupuesto militar. Sin embargo, este incipiente sector republicano no supuso un auténtico peligro para Espartero.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Preguntas temas 4 (Desamortización) y 5 (Sexenio)

1.Define los siguientes términos:
- Desamortización
- Manos muertas
- vales y juros
- Deuda pública
- proteccionismo
- proletarización del campesinado
- bienes de propios
- bienes comunales

2.¿Quiénes tenían las tierras durante el Antiguo Régimen? ¿Por qué los liberales querían acabar con esta estructura? ¿qué es lo que estaba mal? ¿Por qué?
3.¿Por qué los liberales estaban tan interesados en la propiedad de la tierra?
4.¿Qué finalidades tuvieron las primeras desamortizaciones? ¿Y la de Menidzábal?
5.Compara las desamortizaciones de Mendizábal y la de Madoz.
6.¿En que modo afectaba la desamortización al medio ambiente?
7.¿A qué períodos del reinado de Isabel II se corresponden las principales desamortizaciones? ¿En qué influyó la política de esas fases?
8.Realiza un eje cronológico de las desamortizaciones y el sexenio.
9.¿Cuáles eran las formas de pago en ambas desamortizaciones? ¿Qué problemas tuvieron?
10.¿Cuáles fueron los bienes afectados por las desamortizaciones? ¿Qué diferencias hubo?
11.¿Quién compró las tierras desamortizadas? ¿Qué consecuencias tuvo para ese grupo?
12.¿A qué grupos sociales perjudicó la desamortización? ¿Por qué?
13.Pon en un esquema los principales cambios que los gobiernos hicieron en el mundo agrario.
14.¿Qué otros cambios agrarios se produjeron?
15.¿Cuál fue el principal objetivo de todos ellos?
16.¿Qué acciones políticas desencadenaron la Revolución de 1868?
17.¿Cuáles fueron las reformas políticas del gobierno provisional de Serrano? Políticas y económicas. ¿Cómo reaccionó el pueblo?
18.Influencia de la Internacional en España.
19.Papel del carlismo durante el Sexenio Revoluionario
20.Problemas de Amadeo de Saboya
21.Explica las causas de la abdicación de Amadeo.
22.Compara las constituciones de 1837, 1845, 1856, 1869 y 1873
23.Describe la actuación de los grupos políticos durante el sexenio: moderados, progresistas, demócratas, republicanos (de ambos tipos), carlistas.
24.Describe el papel de los siguientes personajes: Juan Prim, Amadeo, Pi i Margall, Castelar.
25.Consecuencias de la Revolución de 1968.
26.Describe cómo terminó la revolución.
27.Resume las principales características de las Etapas del Sexenio:


27.Explica lo que puedas de la insurrección cantonal.
28.¿Qué diferencia hay entre una monarquía y una república? ¿Y entre una república federal y una unitaria?
29.¿Qué papel tuvo el ejército en el Sexenio?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

6. El régimen de la Restauración y el sistema canovista.

LA RESTAURACIÓN DE LA MONARQUIA. ALFONSO XII. 1875-1885.

El descontrol del Sexenio fue la causa primordial del éxito de la Restauración que Cánovas preparaba para el hijo de Isabel II. Esta abdicó en su hijo en junio de 1870 y Cánovas aceleró el proceso durante el gobierno de Serrano.

1.- Fundamentos de la Restauración.

Cánovas ofrece un programa de conciliación nacional a cambio de aceptar la monarquía, a todos excepto a carlistas y republicanos. Para conseguirlo fue fundamental la opinión pública internacional y se consiguió el apoyo de Francia y Austria-Hungría. El ejército lo apoyó con el golpe de Estado de Martínez Campos. Cánovas redactó el Manifiesto de Sandhurst (seis meses tardó en redactarlo), que presenta al hijo de Isabel II (Alfonso XII) como un rey constitucional y no absoluto, respetuoso con el catolicismo pero liberal.

Cánovas se hace cargo de un ministerio-regencia, concentrando todos los poderes como en una dictadura. Decreta la censura de prensa, que se levantará excepto para los republicanos. Trata de conseguir un régimen moderado ("paz y orden"), suspendió parte de legislación (por ejemplo la ley de asociaciones) y consiguió el apoyo de Sagasta, líder del partido liberal –progresista-. Imitando el sistema inglés de alternancia en el poder, de un carácter más tolerante, por ejemplo admite el matrimonio civil y el sufragio universal.

El 14 de febrero de 1875 Alfonso XII entra en Madrid ante la indiferencia popular. Le apoyan las clases altas y la aristocracia. El desorden social de la primera república fue su mejor publicidad.

2.- Constitución de 1876.

Es una constitución corta, pragmática, flexible, tolerancia, basanda con el doctrinarismo. Es similar a la de 1845, pero recoge algunos derechos de 1869. Inspirándose en el turnismo inglés de los Whigs (liberales) y Tories (conservadores), Cánovas habla de recoger los elementos tradicionales del Estado: las dos instituciones básicas de la soberanía: la monarquía hereditaria y las Cortes, anteriores a cualquier documento escrito y producto de la voluntad de los siglos. Es lo que llama la Constitución Histórica de la monarquía española.

La monarquía no era la representación del Estado, la monarquía era el Estado. Símbolo de su continuidad histórica, garantía del orden social y piedra angular del sistema. El ejército, que había sido el otro gran pilar del sistema liberal del XIX quedará al margen, sobre todo tras la pacificación de Cuba y de la III Guerra Carlista.

Soberanía compartida, el poder legislativo lo tienen las cortes con el rey. El rey tiene un papel fundamental en la constitución, el papel moderador. Para que este poder sea efectivo deben otorgarse amplios poderes al monarca (mando supremo de las fuerzas armadas, prerrogativa real para nombrar y cesar ministros, convocar y disolver el Parlamento), con lo que el sistema acaba dependiendo de la personalidad concreta del rey.

Las Cortes se dividen en una cámara alta o senado y una cámara baja o congreso de los diputados. El senado está formado por tres tipos de senadores: senadores por derecho propio (los hijos del rey, grandes de España, altos cargos de la iglesia, el ejército y la administración), senadores vitalicios (de nombramiento real entre los más destacados académicos, catedráticos, etc.) y senadores electos (sufragio restringido e indirecto por las corporaciones del Estado y por los mayores contribuyentes).

En la cuestión religiosa los conservadores impusieron una ambigua fórmula que dejaba a salvo la confesionalidad católica del Estado y también la libertad de cultos.

Uno de los aciertos de la Constitución es que puede servir tanto a progresistas como a conservadores. Por ejemplo, en la Constitución no aparece el tipo de sufragio. Fue aprobado por sufragio universal masculino (“por esta vez”) el 30 de junio de 1876, pero cuando los conservadores imponen el censitario hasta el parlamento largo de Sagasta.

2.- Funcionamiento del sistema y las fuerzas políticas.

Inspirado en el bipartidismo británico y el turno de partidos. Se organizan dos:

- Partido conservador: heredero de los moderados y unionistas. Cánovas consiguió unir a los Isabelinos y a bastantes de los revolucionarios del Sexenio. Su base está en la burguesía, aristocracia y altos funcionarios civiles y militares. Especialmente en el sur de España, donde también tiene éxito entre las clases medias. Su líder es Cánovas. El partido surgió de una reunión celebrada en el Senado en mayo de 1875, con ex parlamentarios de las monarquías de Isabel II y Amadeo I, incluyendo en 1884 la Unión Católica de Pidal y Mon. A la derecha sólo quedaba el Carlismo

- Partido liberal: recoge a los demócratas y radicales (que no terminan por unirse), también a la izquierda unionista.Su líder es Sagasta y nace del descontento de la Restauración (Martínez Campos, por ejemplo). Su base está entre comerciantes e industriales, principalmente en el norte. Su origen estaba en el Partido Constitucional que fundaron Serrano y Sagasta, más tarde, en 1879 el Centro Constitucional se unió con el Partido Liberal y se formó el Partido Liberal Fusionista en 1881, con Sagasta como líder.

La ley de 1878 vuelve al sufragio censitario, en 1879, la ley de imprenta y 1880 la ley de reunión limitan las libertades constitucionales. También se controla el sistema educativo. El primer gobierno liberal dura de 1881 a 1883, con medidas más liberales, retomando las libertades de cátedra, reunión y retirando la censura; reforman la hacienda y el código civil.

Tras un periodo prudencial, de dos a cinco años, de permanencia en el gobierno de cada uno de los partidos dinásticos, el rey, haciendo uso de la prerrogativa regia, nombraba presidente del Consejo al jefe del otro partido turnante, se disolvían las Cortes, y el nuevo partido, ya en el poder, preparaba las elecciones y a través de la manipulación electoral lograba siempre obtener la mayoría en el parlamento.El sistema se base en el caciquismo del ámbito rural y el fraude electoral (pucherazo), con lo que la oligarquía (ministros, gobernadores civiles, senadores y diputados...) dirigen la vida política.

Fuera de juego quedan:

- Carlistas: Finalizan la guerra en 1876 con Martínez Campos. En el norte duran algo más. El carlismo tuvo menos éxito que en la época revolucionaria.. Podemos además, añadir que se produjo una reforma foral (julio de 1876) por la que los vascos quedaron sujetos a impuestos y servicios especiales. En 1878, el concierto económico les dio cierta autonomía. Esto debilitó también la fuerza del carlismo. El carlismo acabó derrotado, primero por la rendición de Ramón Cabrera (con su posterior reconocimiento) y la huida de Carlos VIII después de la derrota de Treviño.

- Republicanos: Castelar colabora con el sistema, y otros intentan el pronunciamiento.

- Regionalismos y nacionalismos:

  1. Catalanismo. La Renaixença supuso reconocimiento del catalán como lengua de cultura, así como una gran actividad intelectual en la historia y las artes reivindicando la particularidad catalana y las señas de identidad de la región. Por otro lado, la burguesía industrial catalana se consideraba poco representada en los gobiernos centrales y reclamaban un mayor proteccionismo (véase el conflicto con Espartero). el catalanismo político comenzó como una corriente tradicionalista, pero encontró en Valentí Almirall una figura dentro del progresismo. Este fundó en 1882 el Centre Catalá. Muy importante fue la redacción de las llamadas Bases de Manresa (1892), elaborado por la Unió Catalanista, que propugnaba un poder catalán dentro del Estado español, con competencias propias. Representan el nacionalismo conservador. Después del desastre de 1898, el catalanismo consiguió cierto éxito electoral y en 1901 se creó la Lliga Regionalista por Prat de la Riba y Francesc Cambó, representantes del catalanismo progresista.
  2. Nacionalismo Vasco. En su creación influyeron tanto el carlismo y la defensa de los fueros como el desarrollo de una corriente cultural en defensa del euskera. El gran inventor del nacionalismo vasco fue Sabino Arana, quien fundó el PNV. Su concepción fue mucho más tradicionalista y ultracatólico, y veía como un peligro para la cultura vasca la llegada de inmigrantes, a los que denominó con el término despectivo de maketos. Su lema fue "Dios y ley antigua". En un principio el PNV se declaraba ferozmente independentista, y un tanto racista, para moderarse algún tiempo después

- Movimiento obrero: se divide entre socialismo y los anarquistas. Se disuelve al Asociación Internacional del Trabajo (AIT) en 1874. La ley de asociaciones de 1881 permite su creación. Podemos advertir dos ramas.
  1. El anarquismo: fue la ideología obrera más influyente en la Restauración. La introdujo el italiano Giuseppe Fannelli, discípulo de Bakunin. En un principios eran partidarios de la acción directa (acciones terroristas que prendieran la mecha de la revolución) como el atentado contra Martínez Campos, contra Alfonso XII o el que mató a Cánovas. Más tarde aparecerá un sector anarcosindicalista, alrededor del sindicato Solidaridad Obrera, germen de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Fundamental también fue la creación de Ateneos anarquistas para llevar la cultura a la clase obrera.
  2. El socialismo: En 1879, Pablo Iglesias, impresor madrileño fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Fue legalizado en 1881 por Sagasta. Su objetivo era lograr el poder político para la clase obrera y combinó el ideario revolucionario con la participación en la vida política. Su órgano de difusión fue El socialista. En 1888 creó un sindicato, la Unión General de Trabajadores. Para organizarse se fueron fundando Casas del Pueblo.
Los problemas a los que se enfrenta el régimen son: Problema de la III Guerra Carlista, problema de Cuba y el regionalismo catalán El gobierno de Cánovas logró poner fin a la guerra carlista tras más de un año de enfrentamientos. Después de pacificar la zona centro y Cataluña, la última campaña se desarrolló en Navarra y el País Vasco. Finalizó en febrero de 1876 cuando don Carlos cruzó la frontera y se refugió en Francia. La Guerra Larga de Cuba la consiguió finalizar Martínez Campos con la Paz de Zanjón en 1878.

En 1883, Segismundo Moret, ministro de la gobernación crea la comisión de reformas sociales, se intenta la uniformidad jurídica.

4. LA REGENCIA DE Mª CRISTINA (1885-1902)

La muerte de Alfonso XII supone una crisis pero no la ruptura del sistema de la Restauración. Cánovas, para evitar nombrar heredera a la hija de Alfonso XII y volver al problema carlista, pacta con Sagasta. Le propone esperar a que nazca el hijo que está esperando Mª Cristina de Alfonso XII. Es el Pacto de El Pardo. Javier Tusell sostiene que tal pacto no existió.

Sagasta, al frente del Partido Fusionista, encabeza un gobierno llamado el Parlamento Largo (1885-1890). El partido fusionista aspiraba a incorporar a los republicanos. Los republicanos intentan el golpe de Estado (Villacampa, Madrid, 1886), que hace imposible la colaboración con el sistema canovista. Se dividen entre los posibilistas (de Castelar) que se asimilan al partido fusionista, y Salmerón funda el Partido Centrista. Los católicos carlistas también se dividen. C. Nocedal funda el integrismo.

El gobierno de Sagasta está consagrado a una serie de reformas:

- Sufragio Universal (1890). Más simbólico que real. Los conservadores lo repudian porque consideran que llevará mayor corrupción.. Esto puede beneficiar a los republicanos más moderados.
- Ley del jurado (1888)
- Ley de asociaciones para las congregaciones religiosas y también para las de tipo social (1887).
- Ley de desarrollo económico, de carácter librecambista.
- Reforma del Código Civil (1889). Permite el matrimonio civil, reforma la Administración local.
- Reformas en la Hacienda
- Reforma en la Administración Colonial.
- Reformas en el ejército: servicio militar obligatorio (los conservadores están en contra) y fracasa también la reforma del Estado Mayor.

El ministro de Estado, Segismundo Moret, es partidario de una política exterior más activa y crea embajadas en Londres, Berlín , Roma y Viena. Accede a la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría e Italia) por los roces con Francia en Marruecos. El acuerdo fue secreto, se renovó en 1891, pero no en 1985. Sin embargo, esto no va a ayudar a España en el Caribe, donde va a tener problemas.

Sagasta deja el gobierno por un supuesto escándalo financiero y por las divisiones en su partido. Hay elecciones en 1891, donde aumenta el censo de uno a cuatro millones de votantes. Y como se alternan los liberales y los conservadores, gana Cánovas. Grandes críticas del resto de los partidos.

Los conservadores cambian la política librecambista: proteccionismo para contentar a los cerealistas castellanos y andaluces, los textiles catalanes y la siderurgia del Norte. Es el “arancel proteccionista” de 1891, de grandes tarifas. También hay división entre los conservadores: Silvela es partidario de una moralidad pública (que emparenta con el regeneracionismo) y Romero Robledo que defiende la mano dura con Cuba. Comienza una movilización católica para contrarrestar el liberalismo laico. Los conservadores van a ser partidarios de la intervención estatal en la economía. Este cambio de mentalidad está influido por: la Rerum Novarum (encíclica de León XIII), planteamiento social de la Iglesia, los krausistas, partidarios de la intervención; influencia del “socialismo de Estado” alemán, se advierte en la celebración de la fiesta del trabajo, el 1º de mayo 1890

La cuestión social está candente en el campo andaluz, en sector textil catalán. Se recrudece con el atentado contra Martínez Campos, por el del Liceo de Barcelona o el motín de Jerez (la Mano Negra). La represión es dura (ley antiterrorista) que acelera el conflicto. Asesinato de Cánovas, huelga minera e industrial en el norte.


5. EL CACIQUISMO.

El turno de partidos era una fórmula política de ventajas inmediatas, que gracias a la manipulación electoral, daba a ambos partidos la posibilidad de alternarse en el gobierno de forma pacífica. Según estaba ya pactado, se eligió la falsificación permanente, para que se salvaguardaran los intereses políticos, económicos y sociales. El sistema político funcionaba de arriba abajo. Los partidos estaban en manos de “notables” que organizaban la maquinaria electoral y el control del poder local mediante la práctica caciquil. De esta forma se garantizaba el ejercicio del poder por parte de una oligarquía. Las relaciones de poder se reducían a un esquema simple. Un grupo formado exclusivamente por la burguesía y la aristocracia dominaba el sistema, mientras que la "España real" formada por las clases medias y populares quedaba excluida de la toma de decisiones políticas.

Se llama encasillado al candidato “adecuado” falseando la voluntad nacional. La fórmula consistía en la elaboración de una lista en la que figuraban aquellos candidatos que quería el Gobierno. Esos candidatos oficiales tenían prácticamente ganada la elección: por presión o por el pucherazo, coacción, violencia, fraude, compra de votos, falsificación de actas, en el recuento, existencia de "embolados" o "micos" (personas que sustituían a los electores)...

El caciquismo era un hecho sociopolítico que duró durante toda la Restauración, consistente en el poder de determinadas zonas, sobre todo rurales, por personas de gran influencia política (alcaldes), económicas (“señoritos” latifundistas) o de prestigio y status (abogados, médicos). Suponía la dependencia de los campesinos. Los caciques eran miembros de una elite local o comarcal, arraigada en el medio rural, una sociedad cerrada, y funcionaban como intermediarios entre esta última y el Estado. Es un fenómeno que se encuentra de manera parecida en el sur de Italia y Yugoslavia. Ante un mundo rural que se queda atrasado, los campesinos se quedan desfasados y consideran al cacique como un mediador con el Estado que les soluciona los problemas de las quintas, los escritos, los impuestos... por lo que están agradecidos. En muchos casos se sella mediante un parentesco ficticio (padrinos). Además hay que tener en cuenta que los funcionarios pueden ir cambiando, pero el cacique siempre permanecía, como el interlocutor real que disponía del poder político central para entrar en contacto con una realidad social del Antiguo Régimen.

Los caciques eran, por tanto, los más influyentes de la localidad y, en la práctica, los agentes políticos encargados de recopilar los votos y amañar las elecciones para que el correspondiente diputado encasillado. El caciquismo formó parte de las relaciones sociales sobre todo en el ámbito rural. Los grandes propietarios de tierras utilizaron su control sobre ayuntamientos y diputaciones provinciales para someter a los campesinos y jornaleros. A cambio se convertían en dispensadores de favores a cambios de favores, generando un “clientelismo” y el "patronazgo". La regla de oro era “para los enemigos, la ley; para los amigos, el favor”.